"entre dos nombres"
Sesión fotográfica x Feli Gutiérres & participación artística x Fanel Reyes
Enero 2026, Oaxaca.
01. "El Conflicto"
Fotografía de Feli Gutiérres, Sta. María Albarradas, Oaxaca 2026.
Organicé junto con Fanel Reyes (ilustradora, amiga y actual socia en nuestro estudio RrrayooO Diseño Sur) y Feli Gutiérrez (fotógrafo retratista, gran amigo y colega) una salida cerca de la Sierra Mixe de Oaxaca. Aquel día fue nuestra primera salida juntos como amigos. Fue un gran día. El plan fue ir por mezcal a Albarradas para abastecernos de litros cada uno y cerrar el día con una sesión de fotos cuando ocurriera el ocaso; Feli estaría a cargo de la cámara. Aquella sesión tenía la intención de celebrar que una versión de mí había terminado y que estaba en paz con la idea de soltar aquello que me pesara dentro del espectro creativo.
Creí que al hacer la sesión fotográfica sin expectativas, sin control y sin ambiciones, aunque con intención, podría ver algo diferente: nuevas capacidades imaginarias, otras historias, nuevas narrativas, así como también colores, formas y texturas. Estaba emocionado, pero muy en el fondo sabía que algo no me iba a permitir avanzar.
Fanel y yo nos hicimos amigos antes de que Feli llegara a nuestras vidas. En Oaxaca no es muy difícil reconocer a alguien que se mueve dentro del ambiente artístico, y más si reconoces su trabajo. Fanel y yo no tuvimos ninguna dificultad en conectar y entablar una amistad basada en el respeto y en la creatividad. Un corto tiempo después, decidimos trabajar juntos.
A Feli lo conocí un año después, en un café, sentado un día con su cámara. Él recién había decidido llegar a Oaxaca a vivir. La conexión y la confianza fueron inmediatas. Fue mucha coincidencia que Fanel y Feli ya se conocieran antes; de hecho, Fanel ya me había hablado de quien, en ese entonces, era su nueva amistad. Poco después, la coincidencia no me hizo dudar de que algo especial estaba naciendo.
02. "conexto"
03. "Lo que estaba ocultando"
He tenido una carrera en la que mi trabajo ha sufrido ciertas transformaciones. Al principio, mi enfoque fue hablar de lo maravilloso que ha sido ser oaxaqueño: el orgullo y el privilegio de haber nacido aquí, de crecer con ciertos valores y con una identidad que quise honrar y plasmar en aquello que amaba hacer, como un acto de agradecimiento.
Conforme pasó el tiempo, especialmente después de la pandemia, todo se fue complicando globalmente. Parecía que estamos rozando fibras que jamás hemos visto.
Sentía que era nuestra responsabilidad hablar de ello, cada quien desde su propia trinchera, por más grande o pequeña que fuera la diferencia que pudiéramos hacer.
Pero, aunado a mi propia crisis, dejé de hablar sobre lo bueno.
Empecé a estar enojado casi todo el tiempo, frustrado por no poder cambiar las cosas, y sentía que de lo único que tenía que hablar mi trabajo era de eso. Entre todo el bombardeo y la lógica del algoritmo en redes sociales, veía cómo aumentaban los sucesos polarizados y era tanto lo que podía decir socialmente que terminó rebasando mi capacidad.
Dejé de producir.
Cuando uno deja de producir y de eso vive, automáticamente los números empiezan a bajar. Comencé a sentir presión todo el tiempo. Ya no era esa persona que hacía las cosas de manera natural y que se alejaba cada vez más y más de esas pimreras inocencias de ser artísta.
Creía que las personas más cercanas a mí pensaban que esto era solamente una etapa de mi vida, que estaba jugando a ser artista y que debía ser arquitecto (por que eso soy de profesión) y que tarde o temprano, tendría que entrar al mundo real. Que de esto no se puede vivir.
El Espectro del Duelo fue presentada en noviembre del 2026, en el proyecto “Duéleme Bonito”- Vol. III, es un personaje ficticio protagonizada por Fanel Reyes. Representa el duelo en sus distintas formas: la nostalgia, la melancolía, la pérdida y aquello que permanece después de ellas.
Es una figura femenina cubierta con un rebozo, una presencia que no busca desaparecer el dolor, sino acompañarlo. Para mí, el espectro representa esa parte de nosotros que aprende a convivir con aquello que no puede cambiar, y que con el tiempo deja de ser solamente una herida para convertirse también en compañía.
En estas fotografías quise que estuviera conmigo porque fue mi último proyecto y también sentía en ese entonces que venía cargando algo muy pesado, y que si lo decía en voz alta me restaría valor. Necesitaba de esa compañía espiritual, como si de un ritual se tratase para desprenderme de algo.
05. "El PESO DE TU NOMBRE"



04. "El ESPECTRO DEL DUELO"
La realidad es que siempre he podido contar con el apoyo de muchas personas que me estiman, realmente privilegiado. Pero también muy en el fondo siempre me he sentido diferente, un poco incomprendido.
Sentirme de esa manera hizo que creyera que mi trabajo no era lo suficientemente bueno o que, posiblemente, el que no era suficientemente bueno era yo. Pero mi ego y el orgullo de lo que he logrado hacer me mantenían en una postura defensiva, sin poder admitir que algo me estaba callando.
En enero no sabía lo que estaba haciendo. No tenía un rumbo ni un plan.
Llega un punto en mi psique en el que las imágenes y las ideas se me presentan como un rayo: rápidas e involuntarias, pero que, una vez que se quedan en mi mente, siguen sonando como un temblor.
Así ha sido siempre. La única diferencia es que, entre más ideas llegaban y más las romantizaba, menos sabía qué hacer con ellas.
Comencé a guardar mis ideas como tesoros, esperando el momento y la forma perfecta para lanzarlas. Porque eran tan buenas ideas que sentía que el momento tenía que estar a la altura de ellas.
Me he callado a mí mismo que he tenido miedo a ver mis ideas hechas realidad, por no sentirme listo mental y técnicamente conmigo mismo. Ahora puedo ver las consecuencias de todo eso: cuando las expectativas que tienes sobre tu propio trabajo crecen demasiado, también crece la distancia entre lo que quieres hacer y lo que realmente puedes vivir.
Y quizá eso era parte de lo que no estaba diciendo.
Creí haber estado listo a finales de enero para soltar una versión creativa de mí, con la cual sentía que ya no me reconocía ni me identificaba. No fue así...
Ilustración Día de Muertos, para "Duéleme Bonito"- Vol. III, 2025
Cuando era pequeño, siempre quise estudiar diseño. Conforme fui teniendo más noción y curiosidad, me incliné por el diseño industrial. Afortunadamente, en Oaxaca no existía esa carrera y las posibilidades de mis padres me dieron la oportunidad de quedarme a estudiar. Mentiría si dijera que no tuve una crisis adolescente por no haberme ido a vivir a otra ciudad, pero hoy digo que fue afortunadamente, porque de no haber sido así, probablemente no estaría compartiendo todo esto.
Fue entonces cuando mi abuelo habló conmigo y me dijo que la Arquitectura era la madre de todas esas carreras, que una vez estudiando las Bellas Artes podría entender todas sus ramas. ARCH simbolizaba el resultado de estudiar la Bella Arte con la ambición de ser un gran arquitecto. Adopté ese nombre para comenzar, inicialmente, mi propio estudio de arquitectura. Fue así hasta que comenzó la pandemia.
Comencé a ganar popularidad por mis intervenciones y mi discurso dentro del street art en Oaxaca. Hasta la fecha vivo con un enorme agradecimiento por todos los momentos que las personas se toman para darme un bello comentario sobre mi trabajo y mi cosmovisión. Es ahí donde siento la responsabilidad de agradecer.
Creo que fue ahí donde empecé a echarme encima cierta presión que no me correspondía del todo. Estaba tan agradecido con la gente, con mi familia, con mis amigos y con la vida misma por permitirme vivir de lo que realmente me gustaba, un verdadero y absoluto privilegio.
Pero dentro de mí iba creciendo la sensación de que a alguien debía rendirle cuentas. Un trauma, quizás, del pasado. Sentía que tenía que hacer algo en agradecimiento, como si tuviera que pagar una cuota por merecer la vida que había tenido. No me malinterpreten: vivir del arte tampoco ha sido muy fácil que digamos...
Agradezco a la vida por ponerme en el lugar en donde estoy. y a las personas que nunca me dejan solo, me aterrizan pero me permiten volar.
Trabajar bajo el nombre de ARCH me ha dado fuerza, me ha hecho respetable, valiente y audaz. Por otro lado, Pedro Pablo, la persona que siempre he sido, en un sentido más íntimo, ha sido alguien curioso, inocente y algo introvertido; pero también alguien que creció con valores familiares gracias a mis padres, que siempre han destacado la sencillez, la honradez y, sobre todo, el respeto hacia las personas y hacia la vida.
Esta combinación, bajo la misma persona que hoy habito, me llevó a entrar en una especie de guerra. Por lapsos, y a veces durante largos periodos, solía ser ARCH con mi familia, mi pareja y mis amistades, y eso comenzaba a darme problemas.
El nombre artístico a veces pesa más en cuanto a la responsabilidad que tienes para crear y sentir, que el nombre con el que naciste.
A veces intentaba ser más Pedro Pablo, pero la misma inocencia y timidez me hacían sentir inseguro. Parecía que lo que decía no era una versión de mí que los demás habían visto en ocasiones anteriores. Entonces comenzaba a buscar aprobación y validación.
Me ha llevado tiempo darme cuenta de que el único responsable de darme esa aprobación soy yo. Y aunque la verdad suena a un cliché y parece una tarea fácil después de tantas películas que hablan de ello, no lo es.
Hoy me siento pleno con la persona que, con aciertos y errores, me ha costado tanto trabajo llegar a construir. De lo contrario, no sería humano.
Pienso que tanto Pedro Pablo como ARCH tienen material suficiente el uno contra el otro para atacarse, pero no es eso lo que quieren. Lo que quieren es poder ser la misma persona, sin que uno tenga que ser más que el otro.
Todo esto, lo hablo desde mi privilegio...
La presión hoy en día es mucha, tenemos estímulos cada día más, vemos más y sentimos que el tiempo en la vida se acaba más rápido.
Las personas solemos compararnos hoy en día gracias a las redes sociales, es aquí cuando yo mismo le pongo un límite a mi alter ego y dejar de estar en la cuerda floja entre producir por generar contenido y producir para vivir, de hablar de algo cuando se tenga que hablar y soltar la ansiedad de querer ser alguien en una plataforma que nos perjudica a las personas creativas a decirnos “lo que se supone que tendríamos que estar haciendo” y envés de eso, mejor aprender.
Los procesos y cambios son necesarios y cuando lo sábes, lo sábes. Parte del ego sale a la luz como mecanismo de defensa ante posible riesgo de no controlar la situación o estar en la incomodidad, luego se transforma en ansiedad, esos dos siempre van a existir, pero recordarlo y tenerlo presente en mi vida, hace que pueda honrar a mi proceso creativo. Por más bueno que seas en algo, siempre habrá vulnerabilidades.
No estoy hablando de algo que solucioné, estoy hablando de un momento de reconciliación entre la paz que hoy puedo ver entre ARCH y Pedro Pablo, que siempre y siempre serán, el mismo…
